TODO SOBRE EL HEAVY METAL/ROCK
 
ÍndicePortalFAQBuscarMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 Demasiado humana

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Zarcancel



Mensajes : 65
Fecha de inscripción : 28/04/2012
Edad : 31
Localización : Madrid

MensajeTema: Demasiado humana   Miér Mayo 09, 2012 10:46 pm

Marta repasó las tareas programadas para hoy:



1. Arreglar la casa.
2. Ir a hacer la compra.
3. Prepararse algo de comer.
4. Guardar todos los archivos recopilados hasta la fecha y prepararlos para su posterior envío.
5. Preparar la cena.
6. Asesinar a su marido.
7. Preparar la invasión a gran escala del planeta.


Como buena ama de casa que era, Marta se puso a hacer las labores de limpieza. Como siempre había hecho desde hacía ya tres años que estaba casada con Julián, comenzó con la habitación. Pasando el polvo de la mesilla se fijó en su foto de bodas. Julián la puso allí porque así se sentía todas las mañanas tan feliz como aquel maravilloso día, en que tomó la mano de la mujer más bella del mundo.


Pobre Julián, desconocía por completo que su querida mujer provenía de otro planeta con un terrible cometido: evaluar el nivel de dificultad que supondría exterminar a la raza dominante del planeta Tierra para sí conquistarlo.



En realidad la necesidad de conquistar el planeta era por razones logísticas. La Tierra poseía agua y silicio en abundancia, materiales indispensables para propulsar sus naves, y además estaba muy cerca del frente de guerra con el sistema de colonias. Exterminando a los humanos nadie les impediría extraer los materiales que según los científicos tardarían al menos cien años en agotarse.
Marta se irguió poniendo cara de extrañeza. Era muy raro, con el paso del tiempo se había acostumbrado poco a poco sin darse cuenta a adoptar como propias las medidas de tiempo locales. Años, meses, días, horas... Y ahora que recapacitaba se daba cuenta que no solo se le habían pegado algunos hábitos como aplicar las magnitudes locales, si no que también de vez en cuando sentía cosas extrañas.


Limpiando arrodillada la taza del water, Marta se quedó mirando fijamente al agua de dentro, con chorretes de espuma escurriéndose dentro quedando en su orilla. No sabía por qué eso le recordaba algo, su “luna de miel”. Cuando Marta llegó a la Tierra, sus congéneres le prepararon una vida completa, casa, coche, antepasados (por su puesto falsos)... Todo para que pudiera evaluar de manera directa el riesgo de la conquista. Su misión implicaba el realizar una vida cotidiana e interactuar con los humanos. Para ello la transmutaron haciéndola anatómicamente perfecta, justo comenzando la edad reproductora, para que pudiera ser receptiva.


Un día desempeñando su trabajo en una empresa de limpieza de oficinas conoció a Julián, un joven informático que trabajaba de becario en una gran empresa de desarrollo de software. Allí estaba, con sus muletas, ya que tenía las piernas de desigual longitud, con su columna vertebral terriblemente torcida haciendo chepa, y con su cara completamente asimétrica.


Siguiendo con su misión, Marta le eligió como pareja debido a que un ser tan indefenso no entorpecería sus planes. Y así fue, a los tres meses de vida social Julián se gastó todos sus ahorros en una alianza de compromiso con diamante, y otros tres meses más tarde se casaron por el juzgado en plena capital. Una semana más tarde fueron a pasar su luna de miel a Andalucía, ya que Julián no podía permitirse mucho más. No sabía por qué pero Marta se estaba acordando de un día en concreto que paseaban lentamente por la playa, mirando como las olas rompían suavemente en la arena haciendo espuma.


Sin más preámbulos Marta acabó de recoger la casa a las once en punto, y como todos los miércoles fue a hacer la compra al mercado del barrio. Aunque actualmente tenían el suficiente dinero como para ser atendidos por criados, la pareja decidió vivir lo más humildemente posible, ya que Julián estaba acostumbrado debido a sus orígenes de pobreza, y Marta tenía que seguir manteniendo un contacto directo con la población local.


De camino al mercado un brillo la llamó la atención. A lo lejos brillaba la cima del rascacielos de Ciborgdame, empresa líder del mundo en aplicaciones robóticas, de la que Julián era ahora el director general.


Marta se acordó al instante de sus primeros meses de casados, con Julián llegando pronto de trabajar, para seguir haciéndolo en casa hasta la hora de dormir. A Marta le daba igual que Julián se centrara tanto en su trabajo, lo único que le molestaba es que lo hiciera en casa. Así pues se puso manos a la obra, y optó por echarle una mano a escondidas. Al principio le organizaba los apuntes manuscritos de tal manera que su subconsciente al verlos fraguara alguna idea que le llevara a ascender, y así pasar más tiempo en la oficina. En cuestión de un año Julián fue ascendido a jefe de desarrollo, pero Marta necesitaba más tiempo a solas, así que continuó cambiando alguna trama de datos de su ordenador personal, para que él le fuera dando forma a lago nuevo.


Cada vez que Julián creía haber descubierto algo se ponía contento, y se lo contaba todo a su mujer, claro que ésta ya lo sabía.


Durante el transcurso de su segundo año de matrimonio ayudar a Julián se convirtió en un hobby. A ella le acabó por gustar como su marido le intentaba explicar con palabras muy entendibles los descubrimientos en sus tramas de datos con una sonrisa en la boca. A marta no le resultaba difícil manipular su ordenador, ya que la tecnología de éste planeta era todavía muy rudimentaria y sencilla.


Julián no tardó en ascender a director general de la empresa Ciborgdame con la ayuda entre las sombras de su mujer. Ahora Marta tenía todo el tiempo del mundo, ya que su marido acababa de trabajar muy tarde, y casi todos los fines de semana tenía que ir a la oficina. Pero aunque ella sabía que eso era bueno para su misión, a la larga echó de menos aquellas sonrisas de Julián mientras la abraza diciendo que había realizado algo importante.



Sin apenas darse cuenta Marta llegó a la pescadería. El miércoles era el día perfecto para comprar pescado, ya que lo de la semana anterior ya se abría estropeado y el martes por la tarde llegaba el camión con el pescado fresco recién traído de la lonja.
Era curioso, ya que también se daba cuenta que había adquirido cierta destreza haciendo la compra, y bastante confianza con los tenderos del mercado, que al verla tan guapa siempre la regalaban algo o le hacían buenos precios.



De vuelta a casa a eso de las doce y cuarto, Marta pasó al lado de un indigente que estaba sentado en el soportal de un edificio sujetando una gorra. Muy mosqueada y sin haber descubierto el porqué, se acordó de otro día en el que Julián y ella todavía eran “novios”, y salían tarde de un cine cuya entrada pagaron a medias. Fuera había un indigente pidiendo. Era obvio que necesitaba dinero para drogarse; estaba muy nervioso, con la tensión arterial muy alta, tembloroso, sudaba mucho, balbuceaba...
Cuando de malos modos se les acercó para casi exigirles una limosna, Julián se limitó a sonreírle y le dio todo le que le había sobrado de su entrada diciendo: “Toma. Es todo lo que nos queda.” Aquel pobre diablo agarró los dos euros y saló corriendo.


Marta no lo entendía. Se supone que el dinero en éste planeta es indispensable para vivir. Significaba poder y lujo. Teniendo el suficiente dinero y tiempo podrías comprar un país... Y sin embargo su marido la dejó en la puerta de su casa todavía sonriente.


Recopilando información, Marta encontró referencias sobre limosnas a pobres. Significaban buenas acciones. Parece ser que para los terrícolas lo más preciado es el dinero, y dar aunque suponga una pequeña parte a alguien que no lo posee demuestra un acto de caridad, como si te apiadaras de aquel que lo ha perdido todo. Al parecer las limosnas son muy frecuente entre gente religiosa. Esto era lo que más le extrañaba a Marta, ya que Julián parecía ateo, y sin embargo a la vez era un buen hombre.


Casi sin darse cuenta mientras pasó por al lado de aquel mendigo Marta le echó a la gorra algunas monedas que la sobraron de hacer la compra.


A la una en punto Marta llegó a casa. Su cuerpo humano necesitaba multitud de energía para sobrevivir, así que preparó algo de comida.



Mientras picaba una cebolla una lágrima corrió por su mejilla. Hoy los recuerdos parecían aflorarle como nunca, ya que estaba recordando en ese momento cuando conoció a su vecina.

Fue a las dos semanas de comprarse ese piso, grande y práctico pero no ostentoso, justo después que ascendieran a Julián a jefe de desarrollo.
Aquel domingo llamaron a la puerta. Marta estaba siguiendo al pie de la letra una receta de un libro de cocina. Por su puesto, el día anterior había preparado todos los ingredientes necesarios. Cuando abrió la puerta, vio una mujer de unos cuarenta años más o menos que sostenía un vaso en la mano.


--Bunas...Perdona que te moleste. Soy tu vecina de al lado. Perdona que me presente en estas circunstancias, pero venía a pedirte un poco de arroz—dijo mientras le mostraba el vaso.


--Buenos días. No pasa nada. - Dijo con una espléndida sonrisa. Esos momentos eran los idóneos para poner en práctica las dotes sociales y para investigar un poco las conductas humanas.—Pasa por favor.


--Perdona, no me he presentado. Me llamo Beatriz, vivo aquí al lado. ¿Que tal os parece el barrio?


--Yo soy Marta. Disculpe que mi marido no venga a presentarse. Está trabajando en su despacho.


--¡Pero si hoy es domingo! En fin... Discúlpame. Siempre me meto donde no me llaman.


Marta volvió a sonreír. Cogió el vaso de la mano de Beatriz y pasó por detrás de la barra de su cocina americana. Beatriz estaba perpleja mirándolo todo, pero aparentemente sin expresión de envidia.


--Aquí tienes el arroz.


--Muchas gracias cariño...¿Eso que cocinas es una ensalada de pollo?


--Si.


--¿Quieres que te diga un truco?—Marta arrugó la frente.


--Eh...¡Vale!


--Cuando vallas a freír el pollo échale al aceite media cucharadita de curri.


--¿Curri?


--Si. Lo he olido cuando has abierto el armario. Es esa especie marrón que huele intensamente-


Marta sabía perfectamente que era el curri, pero no entendía lo que Beatriz le intentaba decir. Estaba siguiendo al pie de la letra la receta, y en ella no se hacía ninguna referencia al curri.


--Bueno, me voy, que tengo que dar de comer a mis hijos.


--Adiós.


En cuanto se cerró la puerta de la casa Marta cogió extrañada el bote de curri del armario. Lo olió, e intentó imaginarse aquel aroma mezclado con los sabores del resto de la receta. No comprendía porqué su vecina le había dicho eso; aquella especie era demasiado fuerte, taparía el sabor del pollo y los vegetales. Pero como tenía ingredientes de sobra para repetir la ensalada, y Julián estaba embelesado programando en su habitación, decidió experimentar.


Fue increíble, hasta su marido preguntó como se llamaba el plato, a lo que Marta respondió medio riéndose: “Ensalada a la Beatriz”.


Desde aquel día Marta no dejó de mezclar sabores y texturas. Modificaba las recetas a su gusto, ampliaba los ingredientes... Hasta que creó un estilo personal.


Era una pena, ya que éstos platos sólo los podría degustar un paladar humano. Entre otras cosas Marta también se aficionó a la cocina.


Después de comer y una vez recogida la cocina, Marta se sentó en su sofá y se quedó como en estado de espera, sin expresión y con los ojos abiertos mirando a la nada. Estaba preparando la información recopilada de los últimos tres meses para enviarla al satélite de comunicación que orbitaba en el sistema solar.


Éste satélite estaba oculto para que los demás satélites terráqueos, los telescopios y demás inventos que tenían los humanos para observar el espacio no lo detectaran. Además sólo se podía contactar con él cada tres meses, cuando se alineaba de determinada manera, durante media hora.


Marta usaba un interface oculto en su cerebro humano para enviar los datos durante esas dos horas. Todavía no estaba a punto.


Enfrente de ella estaba el televisor apagado. Estaba tan frío y tan gris. Eso le recordaba un día (como no) en el que estaban sentados ella y su recién marido en frente de un viejo televisor en su antigua casa. De repente aquel ajado electrodoméstico se estropeó. Ella sabía en el acto que era más cara la reparación del equipo doméstico que comprar uno nuevo, pero aún así, en ese momento no tenían mucho dinero. Julián sólo se limitó a sonreír mientras se miraba los zapatos.


--¿Cariño?¿Qué te pasa?



--Nada. Me estaba acordando que una vez de pequeño me pisé el cordón, y al caerme le di con la muleta sin querer a mi profe de mates en la entrepierna. Mis padres me castigaron sin escuchar la radio tres días.
--Y... ¿Eso es gracioso?


--No, pero mi profesor se “descojonó”.


Sin saber como ni porqué Marta acompañó a su marido con las carcajadas.


En ese momento Marta sonrió, interrumpiendo así el procesamiento de los datos adquiridos teniendo que volver a empezar.


Con mucho esmero la joven preparó la cena, ya que iba a ser la última que su marido comiera y tendría que ser especial. Con mucho amor mezcló la masa del pastel de queso (su preferido) con el veneno que con tanto cariño preparó unos meses atrás, en cuanto se dio cuenta de que partirle el cuello como tenía previsto, rápido e indoloro, resultaría una manera muy brusca después de todo lo que habían vivido juntos. Mejor que muriera mientras dormía, con su cara siempre sonriente, recordándole así lo que tardara en olvidarle.


Algo iba mal. Eran las diez y media de la noche, y Julián siempre llegaba como muy tarde a y diez, depende del trabajo que tuviera.


Marta miraba como un zombi el reloj de la pared. Menos cuarto... Menos diez.... Menos cinco.... ¡¡¡¿Qué narices le habrá pasado?!!! ¿Qué estará haciendo?. Una mirada de pasada por la ventana del salón hizo que la joven volviera a fijarse mejor en un gran brillo rojo. Era Ciborgdame. Estaba en llamas. Marta no podía respirar ¿Estará bien?¿Se habrá herido?...¡¡¡¿Acaso está muerto?!!!


Una cristalina lágrima se dejó resbalar por la inexpresiva cara de Marta a la vez que la cerradura de la puerta principal crujía desengranado estrepitosamente los mecanismos que la blindada puerta tenía. Era Julián, que abrió los ojos de golpe al ver a marta mirar fijamente al cielo nocturno por la ventana sin expresividad alguna.


---¡¡¡MARTA!!! –La joven se giró de golpe mirando a hacia Julián. Estaba impoluto ahí erguido, más guapo que nunca. Sin mediar palabra Marta saltó hacia él abrazándolo.


---¡¡¡MI AMOR!!!


---Marta, ha habido un accidente en Ciborgdame...


---Shhhhh... ---Le siseó suavemente al oído--- Cariño, no te puedo seguir mintiendo, te quiero demasiado.


---Tranquila mi amor---Julián la rodeo con sus fuertes brazos.


A grandes rasgos Marta contó en voz baja a su marido la historia increíble de su presencia en la tierra. Ya daba igual que no le creyera, por lo menos le había dicho la verdad. Mientras se lo contaba todo Julián, éste no se movió ni un ápice.


---Marta. Ya lo sabíamos.


Marta se quedó atónita, el pulso de Julián indicaba que decía la verdad...¡¡¡Qué narices!!! ¡¡¡No tenía pulso!!! Ni muletas, ni joroba, su cara era simétrica...Pero era él. Daba igual, estaba con ella y eso era lo que importaba.


El reloj del salón se reflejaba en el espejo del pasillo. ¡¡¡MIERDA!!! Sólo quedaban diez minutos para que el satélite estuviera fuera de órbita, y Marta todavía tenía que mandar la orden de aborto de invasión, ya que había decidido prorrogarla 100 años más, para que le diera tiempo suficiente a disfrutar de su amado...


---Cariño, tengo que abortar la misión, el satélite... Algo se le clavó violente en la espalda. Marta escupió sin quererlo sangre muy humana en la cara de Julián. Las piernas le fallaron. Su cadera le falló, sus brazos, sus hombros... todo menos la cabeza que apenas balbuceaba mientras miraba a Julián. Éste la sujetaba en la misma postura de cuando se abrazaron, con unas terribles garras clavadas en la espalda de su mujer.


---Cariñito, como te decía... Ha habido un accidente en Ciborgdame, y como resulta que yo no creía en el de arriba, el de abajo me recibió con los brazos abiertos ofreciéndome maravillas. Él me lo ha contado todo, y ahora soy su súbdito. Cariñito... ¿Me estas escuchando?


Marta intentaba balbucear escupiendo sangre suavemente. No lo comprendía. Le dolía todo el cuerpo. Era una sensación humana... Miedo a morir.


Julián empezó a crecer lentamente. Sus ropas se rasgaban desatando a algo muy peludo que en su interior contenía. Su voz se volvió irreconocible, espesa y terrorífica. Su Boca se estiró hasta convertirse en un morro lleno de dientes y sus orejas se volvieron puntiagudas mientras todo su cuerpo se llenaba de pelo y unos símbolos raros empezaban a marcarse con fuego en el suelo y las paredes.


---Tiene gracia cariñito, vendo mi alma para convertirme en demonio, y resulta que mi jefe nos prohíbe comer humanos o animales porque así lo pactó con su jefe... Es irónico, el jefe de mi jefe no dijo nada de extraterrestres, y mira que casualidad, vienen un montón y mis colegas llevan mucho tiempo sin comer .



En la calle la gente miraba hacia arriba, en lo alto de un edificio residencial, donde unos gritos muy humanos se desvanecían poco a poco. Y sin embargo, muy cerca del sistema solar, un escuadrón se disponía a invadir la tierra, tal y como estaba programado.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
MissCalamity



Mensajes : 1129
Fecha de inscripción : 21/03/2012

MensajeTema: Re: Demasiado humana   Miér Mayo 09, 2012 11:03 pm

Pues me ha encantado, así que no te puedo hacer ninguna crítica destructiva jajaja que son las que a mí me gustan Wink Muy gráfico todo, de verdad, genial.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Invitado
Invitado



MensajeTema: Re: Demasiado humana   Miér Mayo 09, 2012 11:41 pm

Y yo pensando que sólo yo soñaba cosas raras.
Nunca te acuestas sin descubrir algo nuevo.
Volver arriba Ir abajo
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: Demasiado humana   Hoy a las 1:43 pm

Volver arriba Ir abajo
 
Demasiado humana
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Es demasiado pronto mi cabeza va estallar
» Breve disertación sobre la condición humana. Heavys de pelo corto
» Trilogía de LA CONDICIÓN HUMANA de Masaki Kobayashi
» ¿Crees que los sondeos de este foro están degenerando demasiado?
» UN SOPLO EN EL CORAZÓN de Family

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
HEAVY METAL HASTA LA MUERTE :: LITERATURA / REDACCIONES :: Relatos Propios-
Cambiar a: